Invento


Hoy no tengo en la punta de mi lápiz todo lo que quisiera decirte. La oscuridad me juega una mala pasada, hace tiempo que no puedo sentarme a dedicarle algunas horas a mi escritura. Estoy esperando, siempre esperando, siempre aguantando, siempre queriendo que llegue el después que no llega nunca. Dejo tirado el lápiz, mi brazo, mi cúmulo de ideas, que se disipa o se oculta en los rincones y forma sedimento. Se calcifica-corroe-abrasa. Si supieras lo que son para mí. Ideas. Si tuviera la pista, la real indicación, la cara de la moneda, el billete ganador. Lo bello, lo bueno, lo triste, lo sabio, lo bello, lo bueno, lo bueno. Una orientación, un mapa, un salvoconducto. La mínima energía, las raíces del árbol, la dirección del viento, la carta astral, la nitidez de las estrellas, la fase de la luna, las hojas secas, la miel... Excusas, plantame excusas, te escucho.

Dejáme

Una vez amé a un chico.
Era rubio y caminaba con el sol.
Odiaba las mañanas frías y que le dijera que no lo quería.
Fuimos tristes, aplacados, cuidadosos.
A veces nos asomábamos al mundo,
a mostrarle cómo éramos.
Nunca supimos amarnos de verdad,
nos quisimos a destiempo.
Caminábamos y dormíamos,
nos despertábamos juntos,
nos besábamos el alma.

Pero nada es hoy como fue entonces.

Soñábamos con playas y lagos, con amaneceres cálidos sin rocío en los pies, con flores a lo lejos. Con perros y caballos. Soñábamos tristes y alegres. Llorábamos nuestra suerte y maldecíamos querernos.

Todo acabó ahora, y estoy más contenta. Ya no tengo la urgencia de verte y saber qué estás haciendo. Ya no tengo ningún sentimiento.

Nadie nunca nada se parece a los síntomas del amor.

Mi chico, mi chico de ojos verdes, grandes. Me sería inconfundible tu perfume entre miles. Cada vez que te ibas me acostaba en tus sábanas y hundía la nariz en tu almohada. Te quería y te deseaba ríos...

...ríos de flores, ríos de peces de colores grandes como panes, feroces como cachorros. Ríos de peces, de racimos acuáticos, de lengüetazos de luz, de reflejos, de colores danzando

tiernos, profundos

te los deseaba

ehm

Hermosos ojos cuando tan lejos te tengo acá nomás y si probara no sé llegar hasta vos será realidad quiero y no quiero no me animo me da curiosidad le dije me das asco me dijo ella en fin pensá afuera húmedo pegajoso acalorado pesado dorado por el sol madrugador sin destino dónde van tus pensamientos qué hacés todos los días para qué te movés decime y él se preocupaba por cosas tan nimias y ella le devovía sus miradas melosas y nunca caminaron por la calle de la mano. Se sentían. A veces. Se sentían. (desmayada pensó y ahora qué nada es igual si al menos algo nada tampoco nada, tan poco, nada, y él no va a ser nada, va a hacer nada, bah, ser nada, niño alambre retorcido pequeñas ideas para qué sirve, pará, que sirve, ¿sirve? música contagiosa sólo para decirlo en realidad no lo soporto idea tonta en realidad me gustaría un poco así no sé cantaría en una catedral digo por el sonido resonancia eso acústica bueno lugar grande con figuritas de santos)

Esto


Suave, y con arranques impetuosos se deslizaba el viento sobre las cuatro cabezas adolescentes. Calientes de toda una jornada, dormitaban apoyando la nuca sobre la pared blanqueada de cal, fresca, en el frente de la casa. Se abrazaban rodeando sus estómagos con dedos largos y helados. El pensamiento los llevaba por regiones maternas, entrañables y extrañadas. El mundo adulto parecía no corresponderse con sus realidades. Saltando como minúsculos insectos en la superficie de agua como gelatina, iban sus reflexiones describiendo figuras en las mentes agotadas. Círculos fosforescentes rodeaban y ceñían aquel rostro morocho que caminaba entre sembrados. Un cubo de fucsia y azul eléctrico trepaba por unas infantiles rodillas oscuras, arrancándole sonrisas de dientes teñidos por la yerba mate. Una línea en fuga, de brillante amarillo y plateado, acompañaba la evocación del primer amor. Un perfume de cocina preparada para el banquete se iluminaba con una lluvia de triángulos celestes que entraban por la chimenea. Uno tras otro pasaban los elevados, observando y riendo, a esas cuatro cabezas empeñadas en perder el tiempo. Y el viento acariciaba los cuellos, y encendía mejillas, crispaba espaldas. Doloridas coyunturas reclamaban reposo, las plantas de los pies ardían en caricias con el concreto de la vereda, las manos se movían cada vez un poco menos. Todo fue bueno, cada cosa, cada lugar. Todo fue bueno.

Errático

Tengo la tentación de hundirme lentamente en un pozo de agua, de paredes resbalosas y helechos colgantes. De gotas que caen sobre la superficie y hacen eco de caída, de golpe, y es lo único que se escucha. Es la sensación de estar bajo el agua sin necesidad de levantar la vista para descubrir que el cielo está ahí, sin hacerle caso a nadie. Está ahí arriba y nadie ni nada puede cambiar su ubicación, es lo único seguro que tenemos, lo único imperecedero. En la tierra existen movimientos, terremotos que en cuestión de segundos cambian todo un país, vuelven inútiles a los manuales de geografía, convierten todo en nuevo. El cielo es imperecedero, nada cambia en él. Sólo se cubre de nubes inofensivas, sólo descarga sobre nosotros su ira de granizo, su suavidad de lluvia que vuelve a los campos fértiles, sin dudarlo. La lluvia cae desde alturas insospechadas, pero culmina en un punto, y nada ha sucedido, todo sigue igual. Yo acá en mi silla, vos allá en tu lugar. Yo sufriendo un terrible día de calor en noviembre, debatiéndome entre lo que quiero hacer y lo que no debo. En realidad hundiría mi cabeza en un pozo de agua, en un balde, por estar más a mano. Necesito la frescura del silencio bajo el agua, la tranquilidad de dejar de pensar mientras escribo y de poner mis dedos a funcionar en esto.
Nada puede compararse a estar pasando minutos de mi vida con vos. Todo se complementa. Tu tristeza con mi seguridad para pensar en las cosas en que no quiero pensar. Deberías mirar lo que estoy mirando. Sólo pienso en el pobre momento de encontrarte. Simplemente estoy tentada de encontrarle sentido a mi vida, de hallar por fin una razón que me permita decirle a los demás, mírenme, acá estoy, esto soy. No hay más, no hay vueltas, no hay engaños, hay diversión en mi mirada. Hay deseo, hay tranquilidad, hay muchas noches pasadas sin dormir, hay molestias, enfermedades, hay penas, hay tristezas, pero no hay mucho más, soy esto, lo que ven aquí, plantada frente a ustedes. No sé si alguna vez podré superar lo que sigue, lo que me recomiendan hacer, lo que no quiero pero debo completar con dosis de mi vida. Nada de eso es posible si uno no se encuentra demasiado motivado, ilusionado, afectado por todo.
Hubo una vez, un tiempo, cuando corría y corría sin que nada pudiese perturbarme. ¿Qué pasa en la mente de alguien cuando es arrancada de su mundo imperturbable sin demasiadas opciones que ofrecer? Con todo eso qué se hace, cuando vienen y te ponen un paquete en las manos y te dicen, tomá, arreglátelas, nada de esto es mío, dice uno, pero sí, cómo no, te dicen y no hay nada por hacer.