Ayer

Tiempo pequeño, de mínimos pasos, de hombros relajados, de rodillas ágiles. Corríamos el campo viendo sólo el sol, sólo el agua, sólo el pan. Jugábamos a tenernos entre los brazos, a desconfiar de la oscuridad, a presenciar el viento.
Caricias eternas destinadas a erizar la piel, solía preguntarte con mis manos frías si sentías temblores, los “síntomas” los llamábamos, evidencias del amor.
No sé, si será el aire, la tranquilidad, la melodía, la pena, el baile, el pan, las manos, las espaldas, las fotografías, lo que hace que de a ratos intente estirar mucho los brazos, sin flexionar los dedos, y abrazar, apretando contar mi pecho, las imágenes como en cuadros. Son unos pocos rostros, unas pocas palabras, unas secuencias cortas. Tengo recuerdos estúpidos y vergonzantes, y otros que me frenan un ataque de risa al momento.
Recuerdo de viento y pies helados, de campo a la noche.
De verte abriendo la ventanilla para que se desempañen los vidrios.
De sentirme avergonzada, triste, llorosa, quebrada y desubicada en una noche de julio.
De dormir, dormir, dormir, y soñar que no es cierto.
De dibujar corazones, colores y besos, en una carta que no quise mandar, no quise que llegara, no quise que leyeras.
La luz de la mañana en la puerta y la incredulidad de todos.
Un abrazo sin sentido que me despertó en una casa extraña.
Cuando me duelen los músculos, me doy cuenta, que para mi abrazo todo esto es inabarcable, y quisiera guardarlo en una caja, cerrarlo con una cinta, subirlo al estante más alto, al que no llego nunca, para no tirar y para no ver.

Reencuentro

Creciendo, de a poco, me aparto de tus manos, te miro dormir,
con la espalda fría, una tenue luz va contagiando a los muebles para que sacudan el brillo, me enredo entre tus piernas, respiro tu aliento
calculo los momentos que dejaron esas huellas en tus frente, caminos de tu vida, pienso en mis líneas, yo solamente
tengo marcadas
líneas de expresión
en las comisuras, donde las sonrisas
se me apretaron
en pocos años
pocos años

No te pierdas

No te pierdas, no al menos para mí y para tus hilos de sangre en el mundo, no te pierdas, encontrá tu cauce, sin más grietas, no te pierdas. A la distancia mi corazón te sigue en este reto de la vida, en las pruebas que te puso el amor.
¿Sabés? Te sigo hermana, te sigo desde siempre, desde mis primeros días. Sería capaz de recordar cada caricia que me diste desde que irrumpí en tu vida hasta cada palabra de consuelo que me brindaste estando yo tan lejos.
Tengo en cada mano un gesto tuyo, una mirada, una risa, un momento compartido. Albergo en mi pecho tu figura, como un momento de paz al que recurro cuando no me encuentro y cuando nada es fácil. Sé que no puedo, ni aproximarme, a todo lo que viviste, a la garra que le ponés a los desafíos, al coraje de enfrentarte a todo y salir adelante. Te pido que pienses en el siguiente paso como un reto más, como un puente casi derruido que tenés que atravesar para llegar a tierra firme.
Pensá en mí, que te espero con la mano extendida del otro lado.

"Contra las cosas", de César Fernández Moreno (robado descaradamente de otro blog)

dios para qué me das tantas cosas
tengo el cuerpo brotado de cosas
qué confianza se toman con mis manos
yo no puedo vivir así trincado por las cosas
víctima de sus menguadas conspiraciones
cosas que se desarman
que no se abren que quedan abiertas
cosas que no entran que se salen
cosas cayéndose golpéandome
estallando en mis manos volándose
perdiéndose reapareciendo o no
cada vez más pedantes más dentadas
exhibiéndo groseramente su gula de espacio
adictas a su inercia
entregadas a su gravedad
ansiosas por volver al caos


yo no puedo querer tantas cosas
apenas ofrecerles una atención salteada
oh dios hubieras hecho de mí una lapa
entonces me acariciarían tus olas alternas
y yo conocería una sola cosa
la roca