Ayer

Tiempo pequeño, de mínimos pasos, de hombros relajados, de rodillas ágiles. Corríamos el campo viendo sólo el sol, sólo el agua, sólo el pan. Jugábamos a tenernos entre los brazos, a desconfiar de la oscuridad, a presenciar el viento.
Caricias eternas destinadas a erizar la piel, solía preguntarte con mis manos frías si sentías temblores, los “síntomas” los llamábamos, evidencias del amor.
No sé, si será el aire, la tranquilidad, la melodía, la pena, el baile, el pan, las manos, las espaldas, las fotografías, lo que hace que de a ratos intente estirar mucho los brazos, sin flexionar los dedos, y abrazar, apretando contar mi pecho, las imágenes como en cuadros. Son unos pocos rostros, unas pocas palabras, unas secuencias cortas. Tengo recuerdos estúpidos y vergonzantes, y otros que me frenan un ataque de risa al momento.
Recuerdo de viento y pies helados, de campo a la noche.
De verte abriendo la ventanilla para que se desempañen los vidrios.
De sentirme avergonzada, triste, llorosa, quebrada y desubicada en una noche de julio.
De dormir, dormir, dormir, y soñar que no es cierto.
De dibujar corazones, colores y besos, en una carta que no quise mandar, no quise que llegara, no quise que leyeras.
La luz de la mañana en la puerta y la incredulidad de todos.
Un abrazo sin sentido que me despertó en una casa extraña.
Cuando me duelen los músculos, me doy cuenta, que para mi abrazo todo esto es inabarcable, y quisiera guardarlo en una caja, cerrarlo con una cinta, subirlo al estante más alto, al que no llego nunca, para no tirar y para no ver.

1 comentario:

  1. La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar...y yo creo que para soñar...cuan cerca estoy!!!

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