No te pierdas

No te pierdas, no al menos para mí y para tus hilos de sangre en el mundo, no te pierdas, encontrá tu cauce, sin más grietas, no te pierdas. A la distancia mi corazón te sigue en este reto de la vida, en las pruebas que te puso el amor.
¿Sabés? Te sigo hermana, te sigo desde siempre, desde mis primeros días. Sería capaz de recordar cada caricia que me diste desde que irrumpí en tu vida hasta cada palabra de consuelo que me brindaste estando yo tan lejos.
Tengo en cada mano un gesto tuyo, una mirada, una risa, un momento compartido. Albergo en mi pecho tu figura, como un momento de paz al que recurro cuando no me encuentro y cuando nada es fácil. Sé que no puedo, ni aproximarme, a todo lo que viviste, a la garra que le ponés a los desafíos, al coraje de enfrentarte a todo y salir adelante. Te pido que pienses en el siguiente paso como un reto más, como un puente casi derruido que tenés que atravesar para llegar a tierra firme.
Pensá en mí, que te espero con la mano extendida del otro lado.

"Contra las cosas", de César Fernández Moreno (robado descaradamente de otro blog)

dios para qué me das tantas cosas
tengo el cuerpo brotado de cosas
qué confianza se toman con mis manos
yo no puedo vivir así trincado por las cosas
víctima de sus menguadas conspiraciones
cosas que se desarman
que no se abren que quedan abiertas
cosas que no entran que se salen
cosas cayéndose golpéandome
estallando en mis manos volándose
perdiéndose reapareciendo o no
cada vez más pedantes más dentadas
exhibiéndo groseramente su gula de espacio
adictas a su inercia
entregadas a su gravedad
ansiosas por volver al caos


yo no puedo querer tantas cosas
apenas ofrecerles una atención salteada
oh dios hubieras hecho de mí una lapa
entonces me acariciarían tus olas alternas
y yo conocería una sola cosa
la roca

Llorona

Las noches de Cochabamba
me hacen encontrarte,
fumando cigarrillos y con aliento a coca seca.
Con tu marido ajeno y tus labios posados en otros,
más jóvenes,
más firmes.
De fondo la llorona rasgándome el alma
de estar lejos de la casa paterna,
del amor propio.
El que no sabe de amores, no sabe lo que es martirio,
así canta tu voz, su voz,
de pelo negro, hermosa,
de pelo largo y negro, hermosa.
Las manos me buscan, me encuentran , las lágrimas me saben a nostalgia.
"Gauchitos", decís,
y yo, la mano en la mandìbula, con ganas de cerrar los ojos,
porque te veo triste, apenas sola,
escuchando la voz áspera que sé, te hace mal,
por ser mujer, por ser hermosa, por estar abandonada.
Tu pelo negro,
tu mano en la mandíbula,
tu mirada cansada,
las dos solas,
las noches de Cochabamba me llevaron a encontrate.
Tapame con tu rebozo, así no muero de frío.

Una nascita

E miraba, y sabía qué pasaba, era verano, y era esperable, que las mariposas dieran vueltas, que los cascarudos cayeran en vuelo rasante desde las luces de la galería, que el vino barato hiciera de las suyas, que nadie les prestara atención, pero cuando los vieron ahí, bajo la ventana, abrazándose más de lo que debían
más de lo que correspondía a una señorita como ella, tan inexperta, y un buen hombre como él, trabajador, escuchame, y con novia formal, por favor, qué barbaridad
E miraba, y sentía en la piel, en el pelo, en esa mano curiosa (con otra piel, otro sabor) que le subía por la espalda, un escalofrío repentino, un sueño disimulado, una guerra súbita, un no sé qué hago pero sigo
no puede ser que todos hagan lo que quieran
no se puede
no se debe
prohibido
nunca
degeneración

E miró la luna. Sintió la lengua, la mano en la teta, sintió frío, sintió calor, sintió el peso de una cadera hincándosele en los muslos. La baba, la mano, la ropa en el piso, en el auto, en la camioneta, en la despensa, en la cama y a los pies de ella. La espalda en el umbral y las piernas abiertas.
un par de degenerados
un mal parto
lo que no se debe

E miraba, y sabía qué pasaba, era verano, y era esperable, que las mariposas dieran vueltas, que los cascarudos cayeran en vuelo rasante desde las luces de la galería, que el vino barato hiciera de las suyas, que nadie les prestara atención, pero cuando los vieron ahí, bajo la ventana, abrazándose más de lo que debían
más de lo que correspondía a una mujer como ella, tan correcta, y a un señor mayor como él, con hija y señora, escuchame, pocas veces visto.